
Editorial. Por Marcelo ViggianoTodos aspiramos, a mejorar nuestra suerte. Lo hizo el cavernícola y lo hace el hombre contemporáneo, lo hace el rico y lo hace el pobre, lo hace el supersticioso y el científico, cada uno a su manera y cada uno como mejor puede. Pero según la metafísica china, la suerte no es una sola sino que se compone de tres partes: la suerte del Cielo, la de la Tierra y la del Hombre. Cada una de ellas forma un tercio de lo que sería la suerte "total".
La suerte del Cielo es el ámbito de la astrología Ba Zi. Tiene que ver con ciertas condiciones que parecen escapar a nuestro control: por qué nos tocó nacer en determinado lugar, en determinada familia, en determinado tiempo. También tiene que ver con las oportunidades, buenas y malas, que se van dando a lo largo de nuestra vida.
La suerte de la Tierra la controlamos parcialmente, pues es el ámbito de la aplicación del feng shui. Los sitios con un feng shui óptimo no son tantos ni están al alcance de todos, pero se trata de sacar el mejor partido posible del entorno que nos rodea. Para ponerlo en imágenes: un agricultor puede ser muy capaz y trabajador, pero el resultado que obtenga dependerá además de la tierra y del clima, estos últimos factores son la “suerte de la tierra”. El entorno va desde el país en donde vivimos hasta las personas que conocemos, todo ello influye naturalmente en nuestra suerte y nuestras posibilidades.
La suerte del Hombre se refiere a nuestras decisiones, acciones, pensamientos y emociones. Es la única de las tres que depende ciento por ciento de nosotros mismos, la única sobre la cual tenemos (o mejor dicho, podríamos tener) absoluto control. Es, en resumidas cuentas, el mérito personal, el merecimiento. Según este razonamiento, entonces, al menos un tercio de nuestra suerte, buena o mala, es sencillamente lo que nos merecemos.
No hay nada de malo en tratar de mejorar nuestra suerte, claro está, y en buena medida ésa es una de las razones de la existencia de este boletín. No perdamos de vista, sin embargo, que una buena y muy segura manera de mejorarla es mejorarnos a nosotros mismos. Sería bueno que así como aplicamos "curas" a los defectos de nuestra casa para hacerla mejor, apliquemos en la misma medida y con igual entusiasmo "curas" a las falencias de nuestro propio mundo interno para hacerlo, cada día, un poco más armonioso.
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